// Desarrollo Sostenible y Felicidad

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Los Objetivos de Desarrollo Sostenible contemplan muchos de los temas incluídos en los Índices de Felicidad, aunque hay aspectos, como el uso del tiempo y los aspectos subjetivos que no están incluídos. 

Uno de los fundamentos que da sentido al concepto de desarrollo sostenible son los Derechos Humanos. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948 y constituye uno de los puntos cardinales para avanzar en la creación de sociedades felices. La Declaración establece por primera vez un ideal común de protección de derechos fundamentales para todos los pueblos y naciones. Aunque entre los derechos recogidos no se menciona explícitamente la felicidad, en conjunto estos pueden entenderse como medidas que la posibilitan y evitan situaciones de infelicidad: «Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar».

 

La Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes conforma otro hito en el desarrollo de derechos. Este instrumento programático publicado en 2009 fruto del trabajo de la sociedad civil internacional, se dirige a los actores estatales y a otros foros institucionalizados y busca la cristalización de los derechos humanos. El documento reconoce que la sociedad globalizada debe reclamar la garantía efectiva de los derechos humanos, cimiento de las sociedades libres que asegura a todos la paz, la justicia, la libertad y las condiciones de bienestar necesarias para una vida armoniosa y feliz.

 

El concepto de desarrollo sostenible fue formalmente acuñado en 1987 en el conocido como Brundtland Report (1), titulado así en reconocimiento a la primera ex primera ministra noruega Gro Harlem Brundtland. Este informe equipara el desarrollo sostenible con aquel que no compromete a futuras generaciones y en concreto, se define como «un proceso de cambio en el que la explotación de los recursos, la dirección de las inversiones, la orientación del desarrollo tecnológico y el cambio institucional están en armonía y mejoran el potencial actual y futuro para satisfacer las necesidades y aspiraciones humanas». Los primeros pasos en la historia del desarrollo sostenible se concentraron en el plano ambiental durante las décadas de los ochenta y los noventa, cuando comenzaron a visibilizarse problemáticas como la deforestación y el deterioro de la capa de ozono.

 

Con el paso del tiempo, tras hitos como la Cumbre de Río de 1992 o el acuerdo en torno a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, la noción de desarrollo sostenible ha evolucionado hacia un concepto más inclusivo para contemplar aspectos sociales y económicos, como reflejan los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados en 2015 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. Este buque insignia del desarrollo aporta una visión estratégica global: se articula en 17 objetivos, 169 metas y 244 indicadores, que nacieron tras un extenso proceso de consulta y participación internacional en el que se implicaron tanto los Gobiernos como la sociedad civil y han sido aprobados por 193 países. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible amplían el alcance de los Objetivos de Desarrollo del Milenio su proceso precursor en dos aspectos fundamentales:

  • La cantidad de aspectos considerados: No solo se tratan cuestiones ambientales, sino que se incluyen aspectos elementales respecto a la sostenibilidad social y económica, incluyendo las instituciones y las alianzas.

  • El ámbito de aplicación: Son de aplicación en todos los países, no solo en los países en vías de desarrollo, independientemente de su clasificación en las escalas tradicionales de progreso.

 

Aunque los ODS no sean vinculantes ni establezcan objetivos globales concretos, suponen un compromiso y aspiran a movilizar el esfuerzo gubernamental, empresarial, académico, de la sociedad civil organizada y de la ciudadanía general para promover el desarrollo sostenible bajo el lema «Sin dejar a nadie atrás». Depende de cada país el grado de ambición y los recursos movilizados para alcanzarlos. El avance en la consecución de los ODS ya presentaba dificultades antes de la irrupción de la pandemia de la Covid-19, que ha incrementado aún más la presión.

 

Las metas e indicadores de los ODS comparten muchos de los temas considerados en los Índices de la Felicidad, aunque no consideran temas como el uso del tiempo y consideraciones subjetivas, es decir, la opinión que tienen las personas sobre los distintos temas (1). No obstante, los Objetivos de Desarrollo Sostenible instituyen un marco para la creación de sociedades felices (2), aunque el grado en que afecten al bienestar dependerá de la situación de partida de cada indicador, la ambición de los diversos contextos y el grado de ejecución que finalmente se alcance.

 

Pese a la cantidad de datos y modelos disponibles en los campos de la sostenibilidad y el bienestar, la interacción entre ambos está poco estudiada. El avance de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a nivel nacional está positivamente correlacionado con el bienestar (3), salvo en el caso de los ODS 12 (producción y consumo responsable) y 13 (acción climática) (4), como se muestra en la siguiente figura en la que se correlaciona el índice de los Objetivos de Desarrollo Sostenible con la satisfacción con la vida.

Correlación entre el índice de los ODS y los niveles de satisfacción con la vida.

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Estos resultados son atribuibles a que el bienestar subjetivo está positivamente correlacionado con el resultado de las políticas ambientales, aunque los esfuerzos para implantarlas no necesariamente tengan un reflejo positivo, lo que puede deberse a distintas razones:

  • El lapsus temporal entre la degradación del ecosistema y su repercusión en el bienestar.

  • La desvinculación entre el bienestar y la naturaleza debida a la tecnología y la innovación.

  • La dependencia del bienestar de servicios de aprovisionamiento, como la producción de alimentos, que cada vez ejercen mayor presión sobre el ecosistema.

 

Estas observaciones explican por qué la degradación ecológica no ha tenido un impacto negativo en la valoración del bienestar, a pesar de que las personas dependen de los ecosistemas y sus servicios. Las acciones necesarias para implantar políticas ambientales, como la revisión de modelos y hábitos de producción y consumo, pueden estar correlacionadas negativamente con el bienestar subjetivo y generar objetivos políticos contrapuestos, difíciles de abordar. No debe olvidarse que la disminución del bienestar erosiona el apoyo a los partidos políticos en el Gobierno y dificulta enormemente el desarrollo de medidas relacionadas con la sostenibilidad, que contribuyen al bienestar de la mayoría.

Explorar rutas que conjuguen desarrollo sostenible e incremento del bienestar, o al menos no comprometan a este último, conforma un imperativo. Se atribuye a Einstein la frase: «Si quieres resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo». Se han de identificar las razones que limitan la consecución de impactos holísticos positivos vinculados al desarrollo sostenible y permitir que emerjan nuevas cosmovisiones que nos acerquen a mejores respuestas. La transformación de los valores vigentes y el respectivo ajuste para que la realidad resulte coherente con nuestros ideales conformará, sin duda, un paso fundamental.

Es necesario que busquemos rutas que nos permitan conjugar desarrollo sostenible y bienestar.
 

(1) Iriarte, L. y Musikanski, L. (2019). «Bridging the gap between the Sustainable Development Goals and happiness metrics», International Journal of Community Well-Being, 1, pp. 115-135.

(2) Sachs, J.D. (2018). «Good governance in the 21st century», Global happiness policy report, Global Happiness Council, Sustainable Development Solutions Network. https://bit.ly/34vcZ4l
(3) Iriarte, L. (2021). «Are the Sustainable Development Goals the compass for a happier society?», Linking sustainability and happiness: theoretical and applied perspectives (en prensa), Springer Nature.

(4) De Neve, J.E. y Sachs, J.D. (2020). «The SDGs and human well-being: a global analysis of synergies, trade-offs, and regional differences», Scientific Reports, 10. doi: 10.1038/s41598-020-71916-9